Hospital Sant Joan de Déu Barcelona

Guía Diabetes tipo 1

Centro para la Innovación de la Diabetes Infantil Sant Joan de Déu

Alimentación, ansiedad y diabetes: ¿cómo gestionar la relación emocional con la comida?

Niño con un atracón de comida
Edad: 
6 a 8, 9 a 13, 14 a 18
Emociones

Es fácil establecer con la comida una relación emocional. A menudo buscamos en ella una recompensa, el alivio rápido a situaciones de tensión y a emociones negativas. Incluso, en ocasiones, comemos por aburrimiento.

En el caso de la diabetes la cosa se complica, pues la alimentación tiene un papel destacado en el tratamiento.

Sí, ya sabemos que el plan nutricional de la diabetes es el adecuado para cualquier persona –tenga o no diabetes- que desee alimentarse de forma saludable, pero no olvidemos que la necesidad de una correcta alimentación es algo ineludible en diabetes.

Un ejemplo de ello es el, a menudo, exhaustivo control que los padres ejercen sobre la alimentación del hijo con diabetes. En muchas ocasiones aparecen preguntas del tipo: “¿qué has comido?, “¿qué has hecho?”. Probablemente el hijo se sienta irritado o deprimido, en definitiva, puede fácilmente “agobiarse” y aparecen sentimientos negativos y de estrés que no ayudan precisamente a seguir el tratamiento.

A menudo, la exigencia paternal y personal que requiere el cuidado de la diabetes puede complicar la relación emocional del joven con la comida.

¿Comemos por ansiedad?

Cuando sentimos necesidad de comer compulsivamente, es interesante plantearnos si buscamos en la comida un alivio instantáneo a las preocupaciones. Si es así, podemos decir que el problema no es la comida sino la ansiedad.

Se hace necesario entonces conocer el origen de nuestra ansiedad y aprender a controlarla utilizando los mecanismos adecuados. Si conseguimos hacerlo, sentiremos menos necesidad de comer.

No olvidemos que el estrés es el lenguaje de nuestro cuerpo y lo sentimos como desagradable o molesto: palpitaciones, sensación de ahogo, opresión…

Para poder manejar la ansiedad, el primer paso es identificar las señales corporales y comportamentales de esta y relacionarlas con la emoción que se siente. A continuación, descubrir qué es lo que está pasando y qué estamos pensando a la vez que notamos la sensación de ansiedad.

Una vez identificada la ansiedad, podemos combatirla tanto física como mentalmente:

  • Físicamente: a través de la relajación muscular, la respiración diafragmática lenta, la realización de actividades placenteras...
  • Mentalmente: el estrés se maneja trabajando los pensamientos. Es muy importante identificar los pensamientos que generan ansiedad. Los reconoceremos porque son automáticos, negativos, exigentes y rígidos. Son pensamientos de todo/nada y blanco/negro. Nos decimos frases como “no valgo para nada”, “nunca controlaré mi diabetes”, “soy un desastre total”, “no soporto este control de mis padres”…

Los pensamientos negativos influyen sobre nuestras emociones y conductas

Cuando identifiquemos esos pensamientos debemos darnos cuenta de que podemos discutirlos. Un pensamiento como “esto es imposible de controlar” suele generar emociones intensas de frustración, tristeza y ansiedad. Este pensamiento, junto a las emociones que genera, puede llevarnos a dejar de hacer la dieta pautada o el ejercicio. El hecho de no realizar esas conductas reforzará el pensamiento de “esto es imposible de controlar”. Y así se forma el círculo vicioso del estrés.

No siempre podemos cambiar las circunstancias que nos provocan ansiedad, pero sí que podemos revisar la percepción (pensamientos) que de ellas tenemos. Podemos cambiar el pensamiento negativo por otro menos absoluto: “algunas veces me paso, pero generalmente lo controlo bien”. Notaremos que disminuye la ansiedad.

El estado de ánimo influye en la forma de alimentarnos y, si este es negativo, la comida puede convertirse en un refugio fácil y accesible. Por ello, debemos desarrollar nuestras habilidades emocionales y aprender a distinguir entre el hambre físico y el que está marcado por la ansiedad, la frustración o el aburrimiento. Si podemos diferenciar entre ansiedad y hambre podremos mejorar el autocontrol.

Siempre que la comida nos genere malestar o sintamos que no tenemos control sobre ella resulta imprescindible la valoración del equipo de diabetes que nos dará la respuesta adecuada a cada caso y las pautas a seguir.

Última modificación: 
10/12/2018