Hospital Sant Joan de Déu Barcelona

Guía Diabetes tipo 1

Centro para la Innovación de la Diabetes Infantil Sant Joan de Déu

Los divorcios o separaciones, un proceso de duelo para los hijos que puede afectar a la diabetes

Madre abarazando a su hijo - Scott Howse - Flickr - CC BY-NC 2.0
Edad: 
0 a 5, 6 a 8, 9 a 13, 14 a 18
Emociones
Esther Lasheras - Treballadora social - Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona
Esther Lasheras
Trabajadora social

Partamos de la idea de que, por muy “bien que se haga”, cualquier separación entre progenitores implica un profundo impacto emocional en los hijos y el inicio de un proceso de duelo frente a las numerosas pérdidas (Tizón, 2004). 

Y es que en una separación o divorcio, ciertos escenarios se dan de forma inevitable como, por ejemplo, la pérdida de la presencia de uno de los progenitores con la respectiva disminución de las funciones parentales, cambios de domicilio y amigos, pérdida de poder adquisitivo y sus consecuencias, la convivencia forzada con otros familiares o nuevas parejas de los progenitores, profundos cambios personales en los padres, etc. Es evidente que es un acontecimiento estresante que implica múltiples pérdidas, especialmente para los hijos, que se ven arrollados por un huracán de cambios no deseados.

No es extraño que los niños tengan sentimientos de responsabilidad o culpa, de conflicto de lealtad respecto a cada progenitor, de miedo al abandono y a no ser queridos durante el proceso, colocándolos en una situación de elevada fragilidad y ansiedad (Kelly, 1980).

Pero, como ocurre en otros momentos de la vida de transición en los que experimentamos pérdidas y cambios significativos, la mayoría de los niños tras un periodo de adaptación a la nueva situación consiguen sanar las heridas y convivir con su nueva realidad, siempre y cuando queden preservados y ajenos a las desavenencias entre sus padres y con la ayuda y amor de estos.

Sin embargo, en ocasiones, a todo lo mencionado hay que sumar la crudeza del sufrimiento de los padres que convierten la separación en un tortuoso proceso, sobre todo cuando los hijos están en medio y son utilizados como instrumento por uno y otro para presionar y dañarse entre sí. Entonces, las consecuencias para los niños son realmente graves, incluso pueden provocar resultados nefastos para su salud física y emocional (J. Delval, 2006).

Cuando se da un mal control de la diabetes

Las conductas antisociales y de riesgo, como el consumo de drogas o la omisión de tratamientos como la administración de insulina en los niños con diabetes, así como los problemas emocionales y psicológicos, serán algunos de los efectos negativos que acompañarán al niño, no sólo durante el divorcio, sino que pueden llegar a cronificarse para toda su vida (Sigle-Rushton, Hobcraft y Ciernan, 2005).  

En muchos casos, los padres tienden a creer que el mal control de la diabetes de su hijo está relacionado únicamente con la enfermedad y su vivencia, sin darse cuenta que puede ser una llamada de socorro, una herramienta que utiliza el niño para alertar y comunicar que, más allá de la diabetes, algo no funciona.

Mantener un ambiente de respeto y cuidado más allá de la separación

Más allá de prejuicios y construcciones sociales de si el matrimonio es bueno y el divorcio malo, debemos tener en cuenta que no es la separación de los padres en sí la que ocasiona los efectos negativos en los niños, sino el crecer en un ambiente hostil, inundado de resentimiento, con agresividad y carente de afectividad. 

Y es que debemos tener en cuenta que la relaciones de apego (teoría que dispone que un bebé necesita desarrollar una relación con al menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad, habitualmente los padres) que establecemos en la infancia son fundamentales en el desarrollo mental, de tal modo que condicionan las futuras relaciones, especialmente, las de pareja y las de familia. 

Si bien no tenemos la fórmula para evitar que los hijos sufran con la separación de sus padres, sí sabemos que la manera en cómo los padres manejen esta difícil vivencia permitirá evitar que el dolor de los hijos se perpetúe y disminuyan considerablemente sus posibilidades de vivir sanos y felices.

Ser hijo de padres divorciados no tiene por qué significar un destino de fracaso o infelicidad (R.P. Mercado, 2011).

Última modificación: 
01/03/2019